Nina De Miraguano


Eso que vas saltando de un blog a otro, encuentras un video precioso de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró, olisqueas entre los videos de esa cuenta y te topas con esta poesía musicada o esta canción en verso, como más te guste. No es mía pero os la regalo.

La Maria s’adorm
i a fora el vent la bressola
“Rum, rum”, entre les branques
una remor com de mar

La Maria s’adorm
i desitjos i encanteris amagats
a la panxa d’una nina
li bressolen la son

Que el llit es converteixi en un mar esbarriat
i els llençols en veles de paper d’arròs
i se t’endugui un aeri oceà de peixos alats
i llagostes d’ales d’aigua
i que després,
sentint el vertigen de ser gota d’aigua freda de pluja
caiguis i et facis amiga dels calabotins
i us passeu el que queda de nit xarrant
i mirant les estrelles des de sota l’aigua

Que no et facis vella sense fer-te gran
que no et facis gran sense créixer,
que no perdis la inèrcia del somriure,
que no oblidis la urgència del moment,
que sentis que formes part d’una tribu
i que respectis el seu cos
però vegis que només és una canoa

Que no et senti dir mai:
“sí, sóc aquesta mandrosa acumulació d’errors”,
i que entenguis que estimar
és estimar involuntàriament, imperfectament, inevitablement
i que si t’enamores d’algú
t’entrebanquis contínuament pel seu nom
i que et digui:
“t’estimo, però no ho sé escriure”

I que quant us veieu, els vostres ulls,
els teus i els seus
siguen com quatre ocells que se us emportin en volandes
que no siguis com tota aquesta gent
que fa la veu trista per telèfon
que si plores notis que el torrent de llàgrimes et neteja
que si te’n vas, sentis a dir-te:
“quan me mori enyoraré enyorar-te”

Que arribi l’hivern a la primera de la vida
i que recordis que tots parim pels ulls
que la gent és i s’és
el que s’és
qui et fan ser
com s’és
i que entenguis que delires
i confies per un instant que no ho fas

Que un dia un noi o una noia et digui:
estic enamorat de la imperfecció del teu cos
de la lluna dels teus pits
de la carn de la teva cara
de l’aigua dels teus ulls
i el desig que vol – sense saber que vol –
em xiscla a cau d’orella:

que la memòria no et sigui massa fràgil
i et sàpiga donar contínuament a llum
i que estimis i et deixis estimar
que sovint és la lliçó més difícil d’aprendre
i després, silenci.

Sigues només un infant que fa escarbots
mantigues la teva innocència lluny de l’abast dels adults
i que no et venguis mai per una droga de tranquil·litat
per una punyalada amable
per una tendra esgarrapada als llavis
i no siguis mai per ningú
i que ningú sigui per tu,

només una aixada a les pupil·les
Procura mantindre algun desig incomplert
i sempre purs els orificis del cor:
ulls, boca, nas i orelles
i estigues contenta.

No dejéis de seguir el enlace a la primera canción. Es el pequeño Vals Vienés que ya hizo inmenso Enrique Morente y aquí lo siguen elevando a lo más alto.

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Al perderte yo a ti.


Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo, porque tú eras lo que yo más amaba; y tú, porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Ernesto Cardenal

Se lo escuché a Martirio en sus Cantes Rodados.

Romance de La Pardala


Mi padre, que a tecnológico y artista no lo gana nadie, se ha abierto un blog y está publicando cosicas suyas que tenía escritas entre ellas este: ROMANCE DE LA PARDALA… o historia de un atracón por comer higos de pala.

Era Maruja Pardala
güertana  agreste y bravía,
fuerte brazo y carne prieta;
las piernas a la medía,
justo pa llegar al suelo;
y cuatro palmos arriba,
u sea, a los siete justos,
dos ojos como garbanzos
y tres mechones de arbustos
anudaos en un pañuelo.
Paticorta, lengüilarga,
dispuesta para el trabajo,
lo mismo arranca patatas
que siega cuatro yerbajos
para engordar tres polluelos.
Sabe de cortar limones,
de amasar a los marranos,
y de escardar los bancales
aunque le corten las manos
en el invierno los hielos.
Sabe de mil privaciones,
y sabe de pasar hieles,
pues tiene siete zagales
que comen como lebreles
y miran como mochuelos.
Más de un día se durmiera
sin comer María Pardala
si el Señor de las Güertanas
no llenase las laderas
de ricos higos de pala.
Y trepando por la cuesta
los va cogiendo María
antes de que el sol caliente,
para llenar una cesta
con la comida del día.
Las tripas le van sonando
con tan gran algarabía
que, según coge los higos,
uno a la cesta va echando
y el otro pa la barriga.
 Así cogiendo y comiendo,
“este porque está maduro,
este para los zagales,
este que se está rompiendo,
este está una miaja duro”….
la Maruja va llenando
a la par barriga y cesta
con los frutos más sabrosos;
y va las hambres matando
y va bajando la cuesta.
Luego en casa, con esmero,
los pone en agua y los barre
para quitarles las pinchas,
que si nó, a los puñeteros,
no hay después quien los agarre.
Después, con mucha paciencia,
uno a uno en la cocina
los frutos va preparando,
que pelar es una ciencia
que poca gente domina.
Según los corta y prepara
sigue comiendo, sin culpa,
el que, demasiao maduro,
se rompe cuando separa
la dura piel de la pulpa.
Pela y come, come y pela,
para ella y los demás,
que hoy fue buena la cosecha;
y el montón corre que vuela
hasta que no quedan más.
Tantos higos se comió
ese día la Pardala
sin querer, burla burlando,
que el vientre se le atrancó
con tantos higos de pala
que, según fueron bajando,
le formaron un tapón
allá por la sentaera,
donde se iban atrancando,
duro como el hormigón.
La tarde se va pasando,
los higos van recociendo
el saco de la barriga,
las tripas se van quejando
y los dolores subiendo.
Serian más de las diez
cuando sintió un apretón
que, desde el ojo del culo
hasta cerca de la nuez,
dejó sin respiración.
Agarrándose a una vara
que tenía, de avellano,
pudo llegar al corral,
y apalancarse a la parra
bien fuerte, con las dos manos.
Arremangando la saya
y doblá por la cintura,
sin parar de resoplar,
se agachó, bajó las bragas,
y…¡rediós, otra apretura!
¡Que agonías, que sudores!
¡Jesús, que dolor más fuerte!
La pobre María Pardala
tenía tales dolores
que parecían de muerte.
Se apalancó como pudo
al tronco de un jinjolero,
se sujetó con las manos
las tripas, hechas un nudo,
y apretó con desespero.
Primero fue un viento seco,
endispues otro apretón
de la barriga pa abajo,
un abrírsele las carnes…
¡y una tremenda explosión!
Las semillas de los higos
saltaron con tanta inquina
que mataron tres conejos,
dos canarios de un vecino
y diez o doce gallinas.
Y fue el ruido tan tremendo
de tanta deflagración
que a una cerda que paría
más allá de Torremendo
le cortó la parición.
Nadie ha vuelto a dar memoria
de los pasos de María.
…Que se fue con un cubano…
…que la vieron por Vitoria
con un viejo de Alquerías…
Hasta dicen sí fue un OVNI
los vecinos del lugar
el qué explotó aquella noche,
mató las doce gallinas
y destrozó to el corral.

Esta historia se remató en Murcia por su autor,

D. Javier Cuevas Alcañiz,

el veintidós de abril de 2005.

Dato biográfico


Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por
mi dormitorio,
lugar hacia el que—por oscuras razones—
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja
al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños
cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que-lamento decirlo-
hablan poco en favor de esos ortópteros.

El hombre imaginario


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Nicanor Parra

Hay un día felíz


A recorrer me dediqué esta tarde
las solitarias calles de mi aldea
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
y su difusa lámpara de niebla,
sólo que el tiempo lo ha invadido todo
con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
volver a ver esta querida tierra,
pero ahora que he vuelto no comprendo
cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
en la torre más alta de la iglesia;
el caracol en el jardín, y el musgo
en las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
del cielo azul y de las hojas secas
en donde todo y cada cosa tiene
su singular y plácida leyenda:
hasta en la propia sombra reconozco
la mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
que presenció mi juventud primera,
el correo en la esquina de la plaza
y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
uno apreciar la dicha verdadera,
cuando la imaginamos más lejana
es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
que la vida no es más que una quimera;
una ilusión, un sueño sin orillas,
una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
la emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
cuando emprendí mí singular empresa,
una tras otra, en oleaje mudo,
al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
y cuando estuve frente a la arboleda
que alimenta el oído del viajero
con su inefable música secreta
recordé el mar y enumeré las hojas
en homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
me detuve delante de una tienda:
el olor del café siempre es el mismo,
siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
no distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
que mi padre plantó frente a la puerta
(ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).
yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media
cuando el perro dormía dulcemente
bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
el delicado olor de las violetas
que mi amorosa madre cultivaba
para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
no podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
el vino y el ruiseñor encima de la mesa,
mis hermanos menores a esta hora
deben venir de vuelta de la escuela:
¡sólo que el tiempo lo ha borrado todo
como una blanca tempestad de arena!.

Nicanor Parra. Chistes par(r)a desorientar a la policía/poesía.