La cena. Herman Koch (Salamandra – 2012)


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Este texto llego a mis manos hace unas semanas por casualidad y, como coincidió con el final de otra novela, comencé su lectura como el que conduce sin mirar y al rato se da cuenta que le falta un tramo de carretera. Este libro es un poco así: esa carretera que, sin hacer que te despistes observando el paisaje, te permite abstraerte de lo que te rodea para acabar pensando en lo divino y lo humano. Y no porque sea un mal libro. Es lo que propone lo que te hace bajar la página y pararte a pensar y esto, aunque el texto no lo sea, hace de él un buen libro.

Una cena. Toda la historia transcurre alrededor de una mesa y en cada momento del servicio (aperitivos, primero, segundo, postres, café y propina) una historia que no hace más que mostrar lo más egoísta del ser humano. Personajes que un principio te pueden parecer afables, cordiales, normales se tornan monstruos. Pero la historia te hace pensar y ponerte en la piel de esos monstruos y es ahí donde se puede perder el norte.

En la cena se cuenta la conexión entre un padre y su hijo. Este, a ojos de una sociedad moderna, ha cometido un crimen injustificable pero la linea que separa la justicia o la razón de los sentimientos de protección más primarios es muy frágil. La historia es muy dura pero más lo son las acciones y los pensamientos que en ella se narran, porque… ¿Hasta donde estarías dispuesto a llegar para proteger a un hijo?. ¿Lo protegerías?. ¿Que harías?. ¿Que perderías?.

Una caja y un mechero


Llevo varios días intentando averiguar como escribir estas palabras. Todavía me siento turbado después del descubrimiento de este fin de semana. Una caja, de la que conocía su existencia pero desconocía su contenido, ha vuelto a mis manos. Una caja llena de recuerdos. Correo archivado de varios años de cuando el correo se esperaba. Cuando te esmerabas en escribir largo y bien.

Recuerdos

La otra noche estuve releyendo decenas de cartas. Las palabras son lo de menos pues, como adolescente que era, el contenido de las mismas ahora no es importante aunque en ese momento lo fuera. Hay de todo. Cartas de amor, amistades lejanas, malas noticias… Pero lo que de verdad hay es la verdad del pasado. La verdad de un pasado que no supe cuidar y que desatendí tanto que nada queda de el.

Hay un antes y un después. Tres etapas en las que me he trabajado las relaciones personales de forma completamente distintas.
La primera, recién espumado. Con las primeras juergas, las primeras novias, los primeros líos… Momentos muy divertidos, llenos de inseguridades que combatía con tonterías y mentiras. Tonterías que me llevaron lejos y me hicieron olvidar a estos amigos de la primera etapa. En este viaje comenzó la segunda etapa. Juergas, locuras y gente que pasaba y no me molestaba en cuidar porque no me daba tiempo. Iba demasiado rápido. Demasiada gente. Muchas locuras y mucho miedo. Ese miedo me hizo frenar y replantearme muchas cosas. Me aparté y aparté a toda esa gente que iba y venía y que no me aportaba nada. Entre toda esa gente que pasaba hay gente que merecía la pena pero cada vez que me he vuelto a acercar he vuelto a sentir el miedo y la necesidad de correr. El retiro al que me sometí mereció la pena. Cambio de aires y cambio de gentes. Tercera etapa. Ahora si que me esfuerzo por mantener cerca a la gente que veo que merece la pena aunque hayan habido apuestas que no me han salido bien. Eso es lo de menos. Estoy contento porque he conseguido construir un entorno feliz y sano. Amigos que aunque veo poco se que están. Otros que que llegan o encuentro y sigo cuidando. Y otros más que se que vendrán y voy a disfrutar de igual forma.
He conseguido un presente digno de ser pasado pues el pasado perdido me pone triste, por lo perdido o más importante, y alarmante, por el cómo lo he perdido.

Ahora tengo una duda. No se que hacer con esa caja. Pensé en quemarla y cerrar para siempre una etapa a la que no puedo volver (la primera) y otra a la que no quiero ni acercarme (la segunda) o guardarla como testimonio de lo que fui una vez y no quiero volver a ser pero eso tiene un punto masoquista que no me mola nada. Son recuerdos, sólo recuerdos. ¿Es necesario guardarlos físicamente para no perderlos?. La memoria en una caja (y un mechero). Ya veremos.

La verdad sobre el caso Harry Quebert


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La verdad sobre el caso Harry Quebert – Joël Dicker. (Alfaguara, 2013)

Lo acabo de terminar y todavía estoy paseando por sus calles. Me interesó por su portada: un cuadro de Edward Hooper. Lo he leído imaginándome sus personajes y sus calles como si fueran pinturas que cuadro a cuadro o página a página dejan pasar la historia. No lo he podido imaginar de otra manera. Personajes de rostros imperceptibles con gestos tan marcados, tan duros en ocasiones, que los sacaba directamente de alguna de mis obras preferidas de este artista.

La novela, dejando a un lado lo que ha hecho trabajar mi imaginación y mis recuerdos, es una buena historia. Una historia de amor, (el amor de Nola), un terrible suceso y un increíble desenlace. Se me ha hecho muy amena y me ha cautivado lo suficiente como para tener ganas de terminarla y resolver todos los misterios que ofrece, que no son pocos.

Se desarrolla en Estados Unidos entre 2008 y 1975 en un incesante ir y venir de historias que llevan a su protagonista, Marcus Goldman, a resolver un misterio con el que ayudar a su amigo y mentor, Harry Quebert, y a su vez a escribir el libro que le consagrará como un gran escritor. Muestra los entresijos de la industria editorial actual y los intereses que la mueven y muestra también la vida en un pueblo de Estados Unidos en el que parece que el tiempo se detuvo en 1975 donde todos sus personajes son parte importante de la historia.

Desde mi punto de vista no es una obra maestra pero es un buen libro, entretenido y recomendable.

Red Dragonfly


Desde hace unos meses estoy alucinando con los bichos que me encuentro en el jardín. Supongo que, igual que yo a ellos, se están acostumbrando a verme con mis herramientas haciendo como que soy agricultor entre los árboles y las malas hierbas.

Desde que estamos viviendo en la huerta he visto, he sabido identificarlos y me han llamado la atención: abubillas, petirrojos, garzas, garcillas, perdices, mochuelos, lechuzas y cernícalos o halcones (no los he sabido identificar pero hay una pareja viviendo muy cerca de casa). De todos estos pájaros el que más me ha impresionado fue la lechuza. Una noche de este pasado verano estaba sentado en la calle viendo las estrellas cuando una lechuza blanca que me pareció gigante planeo a dos metros sobre mi cara. Impresionante. Supongo que como estaba con todo apagado y eran más de las dos de la madrugada vino a ver qué era eso que se movía bajo sus alas. ¡Menudo susto!.

Red_dragonfly_in_Tokyo,_Japan

Llevamos un par de años viviendo en la huerta y si los pájaros me gustan lo que más me gusta encontrar son bichos, que los hay a puñados. Este verano estoy alucinando con los bichos que he visto y hacía muchísimo tiempo que no me los encontraba. A principio de verano encontré una luciérnaga. Desde que era chiquillo que no veía una. Cuando íbamos a Cuenca a pasar los veranos las encontrábamos a ‘puñaos’ pero hacía mucho que no veía ninguna. Después han empezado a aparecer mariposas, un montón. Habrá muchas pero el casó es que yo no veía ninguna. Da mucho gusto verlas revolotear por los rosales. Pero el bicho que más me ha gustado encontrarme este verano ha sido la libélula. Desde que planté el olivo rara es la tarde que no veo una y me parecen unos bichos alucinantes. La forma que tienen de volar, parecen colibríes, y el cuerpo es muy bonito. Las hembras, de un color pardo casi marrón, son bonitas pero las que más me llaman la atención son los machos que tienen un color rojizo que parecen ‘gemas’ con alas. Son muy tranquilas y no les da miedo si te acercas. De hecho parece que se van a dejar acariciar.

Si tenéis la oportunidad de ir al campo sentaos un rato, tranquilos, y observad lo que ocurre a vuestro alrededor. Veréis como poco a poco irán apareciendo pájaros y bichos que os harán sentir como un explorador.

Dream a Little Dream…


Me encanta soñar despierto. Se me pasan las horas tontas soñando vidas como si la mía no lo fuera. Y mira que soy feliz con la vida que me he buscado pero me encanta soñar despierto. Uno de mis sueños preferidos es imaginar que haría si me tocase la lotería. Supongo que este sueño lo hemos tenido todos alguna vez. Yo lo tengo todos los lunes que es cuando pruebo mi suerte con el impuesto del tonto: El euromillón. Todos los lunes calculo qué y cómo haría para gestionar el montante que, seguro, me va a tocar esa semana. No voy a entrar en detalles. Tan sólo os diré que, en mi imaginario (pues nunca lo he tenido para comprobarlo), el dinero no da la felicidad pero, bien gestionado, ayuda bastante.