Romance de La Pardala


Mi padre, que a tecnológico y artista no lo gana nadie, se ha abierto un blog y está publicando cosicas suyas que tenía escritas entre ellas este: ROMANCE DE LA PARDALA… o historia de un atracón por comer higos de pala.

Era Maruja Pardala
güertana  agreste y bravía,
fuerte brazo y carne prieta;
las piernas a la medía,
justo pa llegar al suelo;
y cuatro palmos arriba,
u sea, a los siete justos,
dos ojos como garbanzos
y tres mechones de arbustos
anudaos en un pañuelo.
Paticorta, lengüilarga,
dispuesta para el trabajo,
lo mismo arranca patatas
que siega cuatro yerbajos
para engordar tres polluelos.
Sabe de cortar limones,
de amasar a los marranos,
y de escardar los bancales
aunque le corten las manos
en el invierno los hielos.
Sabe de mil privaciones,
y sabe de pasar hieles,
pues tiene siete zagales
que comen como lebreles
y miran como mochuelos.
Más de un día se durmiera
sin comer María Pardala
si el Señor de las Güertanas
no llenase las laderas
de ricos higos de pala.
Y trepando por la cuesta
los va cogiendo María
antes de que el sol caliente,
para llenar una cesta
con la comida del día.
Las tripas le van sonando
con tan gran algarabía
que, según coge los higos,
uno a la cesta va echando
y el otro pa la barriga.
 Así cogiendo y comiendo,
“este porque está maduro,
este para los zagales,
este que se está rompiendo,
este está una miaja duro”….
la Maruja va llenando
a la par barriga y cesta
con los frutos más sabrosos;
y va las hambres matando
y va bajando la cuesta.
Luego en casa, con esmero,
los pone en agua y los barre
para quitarles las pinchas,
que si nó, a los puñeteros,
no hay después quien los agarre.
Después, con mucha paciencia,
uno a uno en la cocina
los frutos va preparando,
que pelar es una ciencia
que poca gente domina.
Según los corta y prepara
sigue comiendo, sin culpa,
el que, demasiao maduro,
se rompe cuando separa
la dura piel de la pulpa.
Pela y come, come y pela,
para ella y los demás,
que hoy fue buena la cosecha;
y el montón corre que vuela
hasta que no quedan más.
Tantos higos se comió
ese día la Pardala
sin querer, burla burlando,
que el vientre se le atrancó
con tantos higos de pala
que, según fueron bajando,
le formaron un tapón
allá por la sentaera,
donde se iban atrancando,
duro como el hormigón.
La tarde se va pasando,
los higos van recociendo
el saco de la barriga,
las tripas se van quejando
y los dolores subiendo.
Serian más de las diez
cuando sintió un apretón
que, desde el ojo del culo
hasta cerca de la nuez,
dejó sin respiración.
Agarrándose a una vara
que tenía, de avellano,
pudo llegar al corral,
y apalancarse a la parra
bien fuerte, con las dos manos.
Arremangando la saya
y doblá por la cintura,
sin parar de resoplar,
se agachó, bajó las bragas,
y…¡rediós, otra apretura!
¡Que agonías, que sudores!
¡Jesús, que dolor más fuerte!
La pobre María Pardala
tenía tales dolores
que parecían de muerte.
Se apalancó como pudo
al tronco de un jinjolero,
se sujetó con las manos
las tripas, hechas un nudo,
y apretó con desespero.
Primero fue un viento seco,
endispues otro apretón
de la barriga pa abajo,
un abrírsele las carnes…
¡y una tremenda explosión!
Las semillas de los higos
saltaron con tanta inquina
que mataron tres conejos,
dos canarios de un vecino
y diez o doce gallinas.
Y fue el ruido tan tremendo
de tanta deflagración
que a una cerda que paría
más allá de Torremendo
le cortó la parición.
Nadie ha vuelto a dar memoria
de los pasos de María.
…Que se fue con un cubano…
…que la vieron por Vitoria
con un viejo de Alquerías…
Hasta dicen sí fue un OVNI
los vecinos del lugar
el qué explotó aquella noche,
mató las doce gallinas
y destrozó to el corral.

Esta historia se remató en Murcia por su autor,

D. Javier Cuevas Alcañiz,

el veintidós de abril de 2005.

Otro paso más hacia la desconexión parcial


Como comentaba ayer acabo de empezar mi desconexión parcial de la tecnología y anoche cuando llegué a casa desactivé mi cuenta de Facebook y desinstalé la aplicación del teléfono. Oye, y no pasó nada. Ni mataron gatitos ni nada por el estilo.

Por la mañana había llamado a mi compañía y había dado de baja el servicio de internet. No lo he echado de menos ya que al llegar a casa, después de cenar, me he conectado vía WIFI y he podido chequear el correo, revisar Google Reader que, para quien no sepa de qué va, es donde tengo mi colección de enlaces interesantes y he podido entrar un poco a Twitter. Una de las cosas que me gusta de este último servicio es que aunque puedes seguir a mucha gente (porque hay mucha gente interesante) creando listas temáticas puedes eliminar mucho ruido que en un momento dado no te puede apetecer ver en la pantalla de inicio. Me va a costar un poco configurarlo todo bien pero el resultado será bueno. Os puede resultar chocante que cierre la cuenta de Facebook y mantenga la cuenta de Twitter pero no tienen nada que ver una cosa con la otra.En mi caso particular Facebook parecía un mega powerpoint de gatitos republicanos, pregonando la amistad de los ángeles a los cuatro vientos con frases célebres sacadas de algún repositorio y la colección de chistes de El Roto. En cambio Twitter, según en que lista me encuentre, me acerca a la noticia y me permite contrastarla (directamente con los comentarios del periodista), o me hace pasar un buen rato con tweets de humor, diseño, TV, música… Eso si, con tranquilidad y mesura.

Todo lo que mueraCon el tiempo extra que he sacado al dejar fuera a Facebook he ganado un poco más de tiempo para conectarme a mi nuevo y flamante Kindel con el que ahora estoy devorando un libro de John Connolly  titulado Todo lo que muere. El primero de una docena de novelas policiacas protagonizadas por Charlie Parker, un expolicía obsesionado con la muerte de su mujer y su hija. Lo empecé hace un par de noches y me tiene bastante enganchado.

Aprendiendo a vivir desconectado


Me gusta estar conectado y me gusta conocer qué se mueve en internet, que aplicaciones se usan, que novedades se presentan pero me he dado cuenta que estoy saturado de servicios que no me hacen ninguna falta y sobretodo me he dado cuenta que esos servicios me hacen perder un tiempo precioso. Pensaba que usándolos era la mejor forma de estar informado, que la comunicación con amigos y cocidos iba a ser mucho más fluida usándolos y al final lo único que hacen es desviarme de los temas que de verdad me gustan debido a la acumulación de información que en realidad, aunque me pueda llamar la atención, no me interesa y me hace perder el tiempo. Los canales de donde me nutro ya los tenía y siguen vivos así que no necesito de esos servicios. 

He probado unos meses a tener conexión 3G en el teléfono móvil. Un smartphone que me “regaló” la compañía con la que contraté la línea móvil y no le saco provecho. Trabajo todo el día delante de un ordenador con conexión a internet y en casa pago por un servicio de internet al que puedo conectar el teléfono vía WIFI. En el trabajo estos meses que llevo con el 3G casi siempre tengo los datos desconectados para no estar pendiente de los avisos de Facebook, mail, Whasap, etc. Si trabajara en la calle quizá si le sacaría más partido a esto de internet en el móvil pero así creo que es un gasto innecesario. De hecho he decidido dar de baja el servicio al acabar este periodo de facturación. 

Por otro lado están los servicios anteriormente mencionados. Con Facebook tengo una relación de amor odio ya bastante tiempo. No he cerrado la cuenta por aquello de estar conectado con familiares y amigos lejanos pero lo cierto es que ya no lo uso para ese fin y me estoy cansando de ver enlaces y “me gusta” de cosas que no me interesan o aunque me interesen me saturan. Voy a desempolvar la buena costumbre de escribir correos (electrónicos) para mantener ese contacto. Así lo siento más sincero y cercano. A mi cuenta de Facebook le quedan horas. Los servicios de mensajería o chat están bien pero generan la necesidad de la inmediatez y creo que me estresa demasiado. Si es urgente el que quiera algo sabe como localizarme y si no lo es pueden esperar a que llegue a casa o me apetezca conectar el programa. 

Seguro que con el tiempo extra que voy a sacar encuentro más momentos como este para alimentar el blog con estas cosas que se me ocurren. Reorganizando mi forma de interactuar con la tecnología de esta forma voy a vivir más tranquilo, seguro, y seguro que no me aíslo del mundo. Nos han generado la necesidad de estar permanentemente conectados y estoy convencido que no es necesario. Voy a probar. Os cuento.