Dato biográfico


Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por
mi dormitorio,
lugar hacia el que—por oscuras razones—
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja
al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños
cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que-lamento decirlo-
hablan poco en favor de esos ortópteros.

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Amor, alegría, suerte… ¡Llámalo como quieras!.


Like a soul without a mind, in a body without a heart. I’m missing every part. (Massive Attack)

Hoy he visto la suerte que tengo. La suerte que tanto he buscado. Una suerte de vida que he andado paso a paso y que ahora tengo que disfrutar. Estoy aprendiendo a hacerlo y se me está dando muy bien.

Mi suerte son mis amores. De los que se y los que no. Los que no veo y aun recuerdo su olor, su sonrisa y su calor y los que tengo conmigo y disfruto siempre. (Y toco, huelo y disfruto). Los que sólo con unas letras me abrazan desde lejos y a los que sólo con una llamada siento tan cerca. Los que se sonríen cuando llego y los que abrazo cuando me voy como si no los fuera a ver en muchos días y sólo quedan horas para nuestro siguiente encuentro.

A alegria é o alimento da alma. A alegria é nossa grande inspiração.  A alegria recompensa os sacrifícios. A alegria é soberana decisão. (Celso Fonseca)

Hay amores, felicidad, suertes de muchas clases. Sólo hay que cuidarlas y el día menos pensado te darás cuenta que todo lo que has cuidado se te está devolviendo con creces.

Lo veo y lo siento.  Y lo mejor, lo mejor de todo, es que no lo he visto en mí. Lo he visto en ella y en lo que le rodea. Porque lo suyo es mío. Ella soy yo y no soy nada sin ella.

Si que soy, pero así da más gustico. Ya me entendéis.

Soave sia il vento


Palabras extrañas entran en mis oídos. Palabras, muchas de ellas, que jamás había escuchado. Diferentes idiomas e intérpretes. Unas suenas más ásperas que otras pero todas trasmiten tranquilidad, felicidad algunas, tristeza otras. A veces rompen esa tranquilidad y se convierten en locura. Orgía de fraseos que no entiendo. Palabras acompañadas de los más delicados sonidos, que sí entiendo, y hacen que esas frases incomprensibles tomen cuerpo en mi cabeza.

No sabía yo que un disco de Arias me iba a gustar tanto. Bendito Internet, qué cosas me enseñas.

El hombre imaginario


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Nicanor Parra

Javier, Silvia, el ministro y un señor de Murcia


Me pierdo un rato con Javier Colina y Silvia Pérez Cruz mientras escribo estas lineas y al escuchar “Debí llorar” miro al infinito y veo la lluvia caer en los cristales de la habitación. Entonces la cabeza, que es muy mía, me lleva a pensar en mis queridos ministros, consejeros y concejales de fomento y su pasión por las piscinas. Que cosas. ¿He dicho piscinas?. Quería decir carreteras.

¿Que manía tienen todos en hacer, mal hechas, metros y kilómetros de carreteras que más que eso, carreteras, cuando llueve parecen piscinas?. Es como si en España no hubiera ingeniero o arquitecto que supiera dibujar carreteras con desagües. ¿O será que los contratistas acostumbrados últimamente ha hacer bloques de pisos en Benidorm y resorts en la costa sólo saben hacer piscinas?. Menos mal que estoy yo, experto en todo, que les arreglo el asunto en un pis-pás. Y si de paso me hacen una piscina… Mejor no, que igual van entonces y me hacen una carretera. ¿Será por medallas?.

Entonces viene ella y me pregunta… – ¿En qué piensas, cariño? – Y yo me quedo con cara de bobo y no se si subir el volumen de la música, hablarle de la A30, que es un desastre, o de intentar convencerla para instalar una piscina en casa. Ella prefiere la música. Bailaremos entonces.