La emoción de un silencio…

La emoción de un silencio en medio de la multitud, de una mano que acaricia por un instante otra y pulsa el ascensor, que cierra los ojos y descubre las palabras nunca dichas. El silencio es hermoso. Y las luces de la madrugada nos roban los besos. Los ojos leen las dichosas palabras en los labios y deforman la realidad. ¿Y qué realidad? La emoción de un sueño, de un cálculo que descifre las dimensiones del cuerpo, la vibración de la piel, el espacio comprendido entre tú y yo, entre el pasado y el presente, entre el futuro y el presente, en no más de unos pocos segundos. La emoción de responder con una mirada perdida en la madrugada, envuelta en el humo de las circunstancias. Sí. Unos ojos que comprendan que todo puede ser diferente, que todo puede ser mejor, que la vida nos pertenece y que hay que resistir para entregarse al silencio, a ese silencio que doblo en partes casi iguales e introduzco en el bolsillo de mi chaqueta.

Roberto García de Mesa

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