Sin letra ni suplemento

Hace unos días publiqué un encendido texto estando yo bastante alterado en el que me desahogaba, encolerizado, por un tema que ahora para estas palabras no es importante.

Escribir ese texto me llevó varios ratos pues cada vez que lo daba por terminado me parecía demasiado duro. Fueron una, dos y hasta tres veces las que intenté expresarme y parecer sensato y no fue hasta una cuarta la que pensé que era correcta y rápidamente la publiqué.

No sé cuantas personas lo leyeron, ni siquiera sé si los involucrados y no mencionados (con nombres y apellidos) se enteraron. En ese momento me daba igual. Ya estamos. No me daba tan igual cuando tantas veces repetí el proceso. Bueno, el caso es que el falso anonimato que proporciona la red me otorgó poderes y decidí publicar esas palabras.

Hablo de falso anonimato porque a pesar de ser mis pensamientos, son opiniones lo que publico y sólo se escribir de lo que vivo y siento y en este caso concreto son muchas las personas que habiendo leído mi escrito fácilmente sabrían identificar los hechos.

Unas hora más tarde  mi señora que es bastante más sensata que yo y prudente, sobre todo prudente, me dijo que me había pasado. Que lo que había escrito era demasiado hasta para mí y yo que soy muy mío le rebatí la historia con un argumento incontestable: Pues yo creo que no es para tanto. Sentencié.

No estaría yo tan acertado cuando las palabras de mi santa me tuvieron toda la noche rondando por la cabeza y me hicieron darme cuenta de algo que hasta ahora yo mismo no había sabido ver. Desde hace unas semanas estoy publicando con más asiduidad en el blog y han sido muchos los escritos que se han ido directamente a la basura o a un cajón porque a mí me parecían demasiado groseros o incendiarios.  Me di cuenta también que conscientemente pero sin darle esa importancia envié este último escrito, entre otros, a mi real academia de la prosa y el verso de cabecera. Sabía que no iba a estar de acuerdo en las formas en las que escribí el texto pero lo que no me esperaba es que no estuviera de acuerdo en el medio.

Si el pilar de la sensatez y la cordura coincidía con el  real académico de la locura y las estrofas mayores, algo me estaba pasando y no me quería dar cuenta. Bueno, en realidad ya me había dando cuenta. Me había pasado tres pueblos creyéndome un Pérez Reverte pero sin letra ni suplemento. Así que como de ese señor no me gustan ni sus novelas ni sus groseras opiniones he decidido hacer desaparecer al artículo en cuestión para que aquellos que todavía no lo habían leído no lo hicieran y los que sí no se ofendieran (más).

Seguiré escribiendo, eso seguro. Pero intentaré controlar un poco más las yemas de mis dedos que son mi lengua y vuestra ventana.

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