¡Lo que molaba hacer prisioneros!

Una tarde cualquiera. El niño, de once años, sale del colegio y corriendo llega a casa. Merienda una caja de donuts y un zumo prefabricado y se encierra en su habitación a jugar videojuegos. La madre le pregunta por los deberes y el niño le contesta que no tiene o que ya los ha hecho en el colegio. No pregunta más. El niño sigue jugando tranquilo a robar droga a unos narcos para venderla después, a darle una paliza a una prostituta o a acribillar a tiros a cualquiera que pase a su lado. O quizás esté jugando a la guerra de comandos y cargado con todas las armas imaginables camina por una ciudad repleta de enemigos a los que revienta la cabeza o hace estallar por los aires con una granada de mano. Juegos tan realistas que hasta seguro encuentras “daños colaterales”.

Situaciones como esta se reproducen cada día. Esa falta de atención de los padres por lo que hacen sus hijos… Si se interesaran un poco más por lo que consumen sus hijos en consolas y televisiones encontraríamos más niños en los parques, jugando en la calle. Estoy convencido.

Hoy he seguido en Twitter el enlace que aquí os muestro:

Expertos en neurociencia de la Universidad de Ginebra demuestran mejoras en el procesamiento cerebral de los que utilizan videojuegos de acción.

Seguro que así ocurre. Los videojuegos potencian la creatividad, la plasticidad y muchas cosas más pero… ¿De verdad es necesaria tanta violencia?. Sobre todo en niñas y niños de tan corta edad.

Cierto que los videojuegos igual que las películas están catalogados por edades y estos videojuegos tan violentos normalmente están marcados con el símbolo +18. ¿Entonces, por qué los padres no se molestan lo más mínimo por hacer cumplir esas normas?. ¿Por qué dejan que sus hijos se contaminen de tanta violencia?. Esa normalización de lo grotesco es lo que, a mi parecer, está haciendo una sociedad impermeable a cualquier desastre. Si no hay un control y no se respetan los límites a edades tan tempranas es imposible que de adultos ellos mismos se marquen los límites de los bueno o malo.

Hay que potenciar la creatividad en los niños (y en los adultos) pero no creo que con este tipo de videojuegos se consiga nada bueno. Por excelentes gráficos o genial banda sonora que contengan. Todos hemos jugado con pistolas alguna vez pero no veíamos sangre alguna. Nuestra imaginación no era capaz de tanto sufrimiento. ¡Lo que molaba era hacer prisioneros!.

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