Last train


Ayer en la página de Facebook del programa de Radio 3 “Cuando los Elefantes…” colgaron este video de Pat Metheny que me trajo a la cabeza la versión que hizo Caro Ceice (aka mi hermanico) y que de vez en cuando me gusta escuchar. Os dejo el video del primero y la letra y un enlace al audio del segundo. Espero que os gusten tanto como a mi.

 

 

 

SI EL CAMINO DEL TIEMPO SEPARÓ
LO QUE EL TRAJO AIRE EL VIENTO SOPLÓ
LA LUZ Y EL SOL BRILLAN JUNTO A MI
YO SIGO AQUÍ QUIERO VIVIR
ABRE TU CORAZÓN
VUELVE GO HOME

EL SILENCIO DURMIÓ CON SU VERDAD
Y LOS MUROS IMPOSIBLES DERRIBAR
AZUL COLOR DE LA LIBERTAD
YO SIGO AQUÍ CAMINO EN PAZ
ABRO MI CORAZÓN
VUELVO A MI HOGAR

El Alienista


¿Si Bruce Lee por qué yo no?.

Ayer me encontré esta tontería en Facebook y me acordé de un libro que empecé a leer un par de semanas antes que naciera mi hija y que desde entonces llevo coleando. Si, mi hija tiene ya dos años y medio y al libro le quedan más de trescientas páginas. Y no es que no me gustara o que por el camino me hubiera encontrado con otros libros que me atrajeron más. Es que en estos dos años no he leído. Prensa, revistas, opinión… eso sí. Pero literatura al uso. De esa nada.

Anoche, dentro de mi propósito por reorganizar y priorizar mi saturada agenda mental empecé por dos cosas que llevo mucho tiempo aplazando. Arreglar el jardín y volver a leer. Así que ayer cuando llegué a casa agarré la azada (azá) y empecé a limpiar lo que ahora es un solar descuidado y en unos meses será un espectacular jardín. Ya os iré enseñando la evolución.

El libro en cuestión se llama “El Alienista”. Es una novela negra ambientada en el Nueva York de finales del siglo XIX que de momento, y mira que llevaba tiempo aparcada en el cajón de la mesilla, me sigue gustando como cuando la empecé. De hecho recordaba perfectamente por donde iba, los nombres de los personajes, la trama… Asesinatos y los comienzos de la ciencia forense. Lo que vienen a ser los primeros CSI. Esta noche la agarro otro rato, seguro.

El Alienista (Caleb Carr) Zeta Bolsillo

¡Lo que molaba hacer prisioneros!


Una tarde cualquiera. El niño, de once años, sale del colegio y corriendo llega a casa. Merienda una caja de donuts y un zumo prefabricado y se encierra en su habitación a jugar videojuegos. La madre le pregunta por los deberes y el niño le contesta que no tiene o que ya los ha hecho en el colegio. No pregunta más. El niño sigue jugando tranquilo a robar droga a unos narcos para venderla después, a darle una paliza a una prostituta o a acribillar a tiros a cualquiera que pase a su lado. O quizás esté jugando a la guerra de comandos y cargado con todas las armas imaginables camina por una ciudad repleta de enemigos a los que revienta la cabeza o hace estallar por los aires con una granada de mano. Juegos tan realistas que hasta seguro encuentras “daños colaterales”.

Situaciones como esta se reproducen cada día. Esa falta de atención de los padres por lo que hacen sus hijos… Si se interesaran un poco más por lo que consumen sus hijos en consolas y televisiones encontraríamos más niños en los parques, jugando en la calle. Estoy convencido.

Hoy he seguido en Twitter el enlace que aquí os muestro:

Expertos en neurociencia de la Universidad de Ginebra demuestran mejoras en el procesamiento cerebral de los que utilizan videojuegos de acción.

Seguro que así ocurre. Los videojuegos potencian la creatividad, la plasticidad y muchas cosas más pero… ¿De verdad es necesaria tanta violencia?. Sobre todo en niñas y niños de tan corta edad.

Cierto que los videojuegos igual que las películas están catalogados por edades y estos videojuegos tan violentos normalmente están marcados con el símbolo +18. ¿Entonces, por qué los padres no se molestan lo más mínimo por hacer cumplir esas normas?. ¿Por qué dejan que sus hijos se contaminen de tanta violencia?. Esa normalización de lo grotesco es lo que, a mi parecer, está haciendo una sociedad impermeable a cualquier desastre. Si no hay un control y no se respetan los límites a edades tan tempranas es imposible que de adultos ellos mismos se marquen los límites de los bueno o malo.

Hay que potenciar la creatividad en los niños (y en los adultos) pero no creo que con este tipo de videojuegos se consiga nada bueno. Por excelentes gráficos o genial banda sonora que contengan. Todos hemos jugado con pistolas alguna vez pero no veíamos sangre alguna. Nuestra imaginación no era capaz de tanto sufrimiento. ¡Lo que molaba era hacer prisioneros!.

No tengo. Si tengo. No tengo…


Este fin de semana hablando y hablando alguien me preguntó: ¿Pero tú tienes algún hobby?. Pregunta que se quedó en el aire porque la conversación en ese segundo incómodo para mi cambió de aires y volvimos, como todos, a las primas, los riesgos, las hipotecas, la peseta, el franco suizo…

Aún así esa pregunta me lleva rondando la cabeza desde entonces y sigo sin encontrar la respuesta correcta.

Hay muchas cosas que me gustan. ¿Se les puede llamar hobbies?. Me gusta leer prensa, artículos de opinión y diferentes blogs todos los días, me gusta escuchar música, me gusta escribir estas cosas, me gustan las redes sociales, las nuevas tecnologías pero un hobby así más de andar por casa como tocar la guitarra, jugar a trenes, hacer deporte… Pues no, eso no. Muy de vez en cuando me pongo el hato apropiado y salgo a correr o a caminar. Me gusta cocinar pero cada día cocino menos. Una vez me apunté a clase de guitarra pero el profesor era tan malo que perdí el ánimo y la paciencia a las dos semanas. Hasta estuve recibiendo clases de cajón flamenco pero no tengo yo constancia para eso de tocar un rato todos los días. Lo que yo digo, soy más de bailar y que me toquen.

Tengo una agenda mental siempre llena de tareas. Si fuese real tendría muchísimos hobbies: Jardinería, albañilería, fontanería, diseño, lectura… Luego llego a casa tan tarde y cansado que no me apetece hacer nada de lo planeado. También pienso que como yo hay mucha gente, que llegan tarde y cansados y que aún así sacan fuerzas para hacer esas cosas que les gusta. ¿Será vagancia, falta de organización o símplemente quedo abrumado por esa enorme lista de tareas que yo mismo me trato de imponer?.

Creo que voy a pasar a papel esa lista de tareas y, una a una, ir tachándolas y avanzar hasta encontrar ese hobby que tengo o no.

Obsolescencia programada, la mía.


Llegué al mundo del diseño por pura casualidad. (Historia que no viene a cuento).

Empecé a formarme por no estar parado y aburrido y de los cursos que me ofrecían era lo único que me motivaba. Se me daba bien. Me formaba y a la vez empezaba a hacer trabajos como freelance aceptando todo lo que encontraba aunque no supiera hacerlo. Siempre encontraba a alguien que me explicara como hacerlo, un libro que lo explicara o hasta subcontratar el trabajo.
Me especialicé en diseño gráfico. Trabajar para imprenta. Un mundo apasionante. De verdad.

Ahora las tecnologías avanzan a una velocidad de vértigo. Avanzan tan rápidas que es prácticamente imposible estar al tanto de todo. Hablan de la imposición de lo electrónico sobre el papel. Tengo que aprender a trabajar sobre dispositivos. ¿Cuando?. Apenas me queda tiempo para estar con la familia después del trabajo. Tengo que sacar horas de donde sea. Me siento como si en un futuro no muy lejano me fuera a convertir en un vídeo BETA y un minidisc. Funciono pero nadie me usa.

Tengo que encontrar hacia donde reciclarme o me veo en un documental de esos que hablan de la obsolescencia programada.

Si no lo habéis visto, el documental, os lo recomiendo.

¿Cuestión de fe?


La gente se queja y se va a la playa. ¿Será esto la espera de ese fin del mundo que no anunciaron los mayas?. ¿Estarán esperando una nueva era en la que por arte de magia todo se solucionará?. Ahora todos pagamos la falta de reacción del pueblo. El borreguismo de los políticos y la perversión de las fortunas. Tenemos miedo. De hablar, de salir, de gastar, de incordiar… En la playa se está mejor. Tomando el sol y chupando hielo para que la lengua, dormida por el frío, no pueda decir nada.

Un ser alado se alzará y nos guiará hacia un mundo mejor…